sábado, 11 de mayo de 2013

Un cordón muy fino y nuestra culpa.

Solo. Una calle. Farolas. Paredes con grafitis. Poco más había en ese lugar, lo único que podía hacer era andar y andar y andar por ese áspero asfalto que pusieron ahí unos obreros en una época pasada. Ando y ando y solo puedo entretenerme viendo mi sombra pasar de delante a detrás según voy pasando cada farola. una de repente se apagó y se quedó parpadeando. Me sentí igual, apagado, intentando volver a lucir, pero sabiendo que es imposible porque mi filamento se ha fundido. La vida es como una bombilla, puede romperse en cualquier momento.

He encontrado un cruce de calles, pero ambas son iguales, setos a ambos lados, con farolas, etc. Decidí seguir recto y no desviarme. Encontré a un gato cruzando la misma calle por la que andaba. Me miró, le miré, se sentó y se lamió una pata, reanudando después el paso como si no importase nada, con esa inocencia, igual que el niño de Nietzsche. Quizás sea algo bueno de los animales, no sienten culpa y de ese modo tan solo viven el momento, mientras que a nosotros nos pesa todo y nos hace mucho daño. Nos coronamos de mierda. Que le den.

Un foco bien fuerte de luz, se aproximaba hacia mi y no sabía que hacer. Me quedé esperando con los ojos cerrado, pero tan solo me atravesó, sin sentir nada, solamente un sentimiento aún más de culpa, por no haber abierto los ojos cuando se aproximaba. Igual que las oportunidades, a muchas les cerramos la puerta y decidimos pasar olímpicamente de ellas y cuando ya solo podemos verlas de lejos, nos penetran en la curiosidad y deseamos con todo nuestro alma saber que habría pasado pero es demasiado tarde, ya no podemos vivir lo vivido. Somos idiotas.

Escuché agua, una fuente estaba al final de la calle. Mi familia estaba allí, sentada junto a la fuente. Fui a abrazarles pero cayeron en la fuente y solo pude ver sus reflejos, sus almas, no les pude palpar... Se fueron. Como la bombilla, no eres el único que puede morir, sino que tus seres queridos también lo hacen y lo único que te queda de ellos son simples fotos impalpables, y que te hacen llorar porque sabes que no pudiste despedir de ellos, decirles lo mucho que les querías, maldiciéndote a ti mismo y sabiendo que definitivamente eres imbécil, porque pasaste poco tiempo con ellos, porque tuviste peleas con ellos, porque te ofrecieron cualquier tipo de ayudas y jamás las aceptaste. Querían lo mejor para ti, y aunque sepas que ahora mismo quieren que dejes de llorar, nunca podrás hacerlo, porque nos recae un sentimiento total de culpa que nos será casi imposible de levantar hasta que no llegue nuestra muerte.

Charles Gim

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