Tan solo un colchón lleno de humedades y una caja de almacen con un mantel y una botella con una vela clavada, era lo más acogedor de esa habitación. La noche había sido larga y aún sonaba la música al otro lado de la puerta. Era un rock duro que hacía mover a las almas tenebrosas que tenían esos viejos rockeros y algunos jovenzuelos. Tras mi despertar traté de recordar que me había pasado, pues me dolía todo el cuerpo y la boca me sabía a vómito. Cogí la chaqueta de cuero que me regaló mi hermano tras partir a un trabajo en otro país, Suecia creo que era.
Salí a tomar el aire y un amigo me invitó a un cigarro, pero eso solo me podría hacer vomitar de nuevo. Tras una charla sobre su vida, volvimos dentro y entre una gramola y la barra del pequeño local, pedí una copa a aquella camarera tan atractiva... Linea de ojos, un tatuaje en el abdomen, piercing en ombligo nariz y oreja, pelo rojo, unos preciosos ojos claros y esa voz tan ruda que ponía para doblegar a la gente. Su camiseta de tirantes acompañada de unos bonitos vaqueros negros bien apretados y las botas, ayudaban aún más a fijarme en ella. Le pedí un sabroso bourbon, y que no racanease con los hielos. Eramos buenos amigos, hacía llamarse Kat, y le salve el culo en una noche de descontrol por las calles de la ciudad. Me invitó de paso a un chupito de tequila, y lo tomamos juntos. Me preguntó sobre dónde había estado hasta ahora, pero aún no lo recordaba. Pero allí estaba, entre las sombras, dejé de mirar a Kat y esta entornó los ojos -¿te encuemtras bien?- me volví a girar hacia ella -juraría que he visto...
- Tío, a veces pienso que estás como una cabra, ya de la manera en que me salvaste el pellejo me pareció bastante bestial...
-Kat, no se, pero no recuerdo nada de hace unas horas, y aquello lo disfrute bastante.
-¿Encima disfrutaste?- se rió - Cada día alucino más.
- Espero que disfrutes con ello.
Salí y Kat me siguió con la mirada. Me asomé por el balcón y miré la calle tan solitaria, únicamente habitada por un gato que disfrutaba haciendo sufrir a una asquerosa cucaracha. Que le den.
Alguién, entonces, me agarró del hombro, miré esa mano y solo vi unas uñas pintadas de color rojo carmesí. La agarré y entonces me rodeó el cuello suavemente, note que era Kat, su fragancia es inolvidable, pues su perfume se lo regalé yo para su 19 cumpleaños. Kat me susurró algo al oido, pero no lo entendí. Me di la vuelta, y esa cara angelical pero a la vez infernal me penetró hasta lo más profundo de mi alma. Comprendí que me quería, que me adoraba, que Cupido había atravesado con su flecha el corazón de esa mujer. Juntó su frente a la mía, su nariz a la mía y finalmente nos sumimos en un largo beso tan apasionado que me dejó la marca de sus uñas en mi cuello.
Terminamos ese beso, y la luz de las farolas iluminaron unas lágrimas que caían de sus ojos, las sequé con mis pulgares y pregunté que era lo que le pasaba, a lo que me respondió:
-¿De veras no recuerdas lo que ha pasado? Lo que has visto en la barra era verídico, era Blanca. Esta noche estuviste con ella, mientras yo sufría como nadie, y ahora me haces esto, me estás volviendo más loca de lo que lo estoy ya.
-Kat, no recuerdo nada...
-¡Porque te drogó! Yo serví las copas y vi como introducía la droga, pero en lo único que pensaba era en el peor mal para ti... Por eso lloro... Porque me arrepiento... Por que te quiero.
-¿Qué quería de mi esa zorra?
- No la llames zorra, porque tu fuiste quien te acercaste a ella. No sé por qué hace esas cosas, pero lo que se, es que le gusta tan solo tener hombres trofeo.
- ¿Yo un trofeo? Es la primera vez que lo escucho, la verdad.
- Charly, para ella cualquiera es un trofeo. Tu, para mi, eres EL trofeo... Gracias por salvarme esa noche... Esos yonquis no me habrían dejado en paz si no llega a ser por tu presencia en el momento adecuado, pero quizás te pasaste.
- Eso no es pasarse, es ser justo, ojo por ojo. Querían violarte, es más a uno le pegué un puñetazo porque estaba distraído subiéndose el pantalón. Tan solo les dejé inconscientes y me llevé varios premios, como una brecha en la cabeza y un corte bastante profundo en el brazo por un navajazo.
- ¿Me perdonas po lo que te he hecho?
- Kat, que me hayas abierto lo ojos no tiene por que perdonarse, sino premiarse... Porque tu eres la persona que recordaré todos los días de mi vida, igual que recordaré esta noche tan gélida y húmeda como tus ojos.
F I N
Charles Gim.